Guía gratuita para familias en crisis por adicciones o trastornos mentales
“No sé si estoy exagerando… pero tampoco estoy tranquilo.” Una guía clara para familiares que viven ambivalencia, miedo y desgaste emocional frente a una posible adicción o trastorno mental.
No sé si estoy exagerando… pero tampoco estoy tranquilo
Hay una frase que muchos familiares repiten en silencio:
Yo no quiero internarlo. Solo quiero entender qué está pasando.
Tal vez usted también se ha dicho:
¿Y si estoy exagerando?
Quizá es una etapa.
No quiero que lo etiqueten.
¿Y si al buscar ayuda lo empeoro todo?
No quiero que piense que lo traicioné.
Tengo miedo de llevarlo a un lugar equivocado.
Y mientras intenta mantener la calma, algo dentro de usted no está en paz.
Esta guía no es para asustarle.
Es para ayudarle a pensar con claridad cuando la emoción está desordenada.
Cuando un hijo, una pareja o un hermano cambia su conducta, empieza a consumir o presenta alteraciones emocionales intensas, la familia entra en una zona muy compleja:
Niega para no asustarse.
Se angustia para no negar del todo.
Y ese desgaste silencioso también es una señal.
Comprender lo que está pasando antes de tomar decisiones
La Organización Mundial de la Salud define la salud mental como la capacidad de una persona para funcionar, relacionarse y enfrentar el estrés cotidiano.
Cuando ese funcionamiento se altera de forma persistente, ya no hablamos solo de carácter, rebeldía o mala actitud.
Hablamos de una posible condición clínica.
La American Psychiatric Association describe los trastornos por consumo de sustancias como patrones problemáticos que generan deterioro significativo en la vida personal, familiar o laboral.
Traducido a lenguaje sencillo:
No es cuánto consume.
Es cómo ha cambiado su manera de vivir.
Muchas familias se enfocan en la sustancia.
Pero lo verdaderamente importante es el deterioro.
Señales que merecen atención
Cambios bruscos de humor que antes no existían.
Irritabilidad constante.
Mentiras repetidas.
Aislamiento progresivo.
Pérdida de interés en actividades importantes.
Problemas laborales o escolares recurrentes.
Episodios de paranoia, ideas extrañas o desorganización.
La pregunta no es si lo hace porque quiere.
La pregunta es si está pudiendo controlarlo.
Ahí empieza la diferencia entre voluntad y pérdida de control.
Diferenciar para no exagerar… pero tampoco minimizar
Uno de los mayores temores familiares es precipitarse.
Pero el riesgo contrario es normalizar lo que ya no es normal.
Consumo ocasional vs. trastorno por consumo
Consumo ocasional:
No reorganiza su vida.
No afecta de forma constante sus responsabilidades.
No hay pérdida evidente de control.
Trastorno por consumo:
Intentos fallidos por dejar.
Uso cada vez más frecuente.
Conflictos familiares repetidos.
Cambios marcados de personalidad.
Prioriza la sustancia sobre su estabilidad.
Cuando la conducta empieza a reorganizar la vida completa de la persona, ya no es una etapa pasajera.
Crisis emocional vs. crisis psiquiátrica
No todo llanto es depresión grave.
No toda ansiedad es enfermedad psiquiátrica.
Pero tampoco todo es drama.
Crisis emocional:
Llanto intenso.
Ansiedad marcada.
Reacciones desproporcionadas ante un evento.
Confusión temporal.
Crisis psiquiátrica:
Ideas suicidas activas.
Intentos de autolesión.
Delirios o alucinaciones.
Desorientación grave.
Conducta violenta fuera de control.
No todas las crisis llegan a este punto.
Pero si existen señales de riesgo para la vida o la integridad, la evaluación profesional inmediata es necesaria.
Esperar no siempre protege.
Lo que muchas familias descubren tarde
En la experiencia clínica con familias en Guadalajara y Tlaquepaque, rara vez el problema es solo la sustancia.
Con frecuencia encontramos:
Ansiedad no tratada.
Depresión encubierta.
Traumas no resueltos.
Trastornos de personalidad.
Crisis vitales mal elaboradas.
Cuando solo se intenta quitar el consumo, pero no se atiende la raíz emocional, el problema reaparece con otra forma.
Buscar orientación no significa automáticamente internar.
Significa entender el escenario clínico real antes de tomar decisiones.
Guía práctica para usted como familiar
No necesita diagnosticar.
Pero sí puede observar.
Observe con calma
¿La conducta es aislada o repetitiva?
¿Ha empeorado en los últimos meses?
¿Existe deterioro laboral o académico?
¿La convivencia familiar se ha vuelto tensa de manera constante?
¿Hay combinación de consumo y síntomas emocionales graves?
No minimice
Amenazas de suicidio en broma.
Episodios psicóticos pasajeros.
Aislamiento extremo.
Insomnio severo prolongado.
Agresividad creciente.
Preguntas que pueden darle claridad
¿Estoy normalizando algo que hace un año me habría alarmado?
¿Estoy agotado emocionalmente?
¿Mi vida gira alrededor del problema?
¿Estoy sosteniendo esto por miedo a que me juzguen?
El desgaste familiar también es un indicador importante.
Cuándo observar y cuándo buscar ayuda profesional
Puede observar si:
Aún hay funcionalidad estable.
Existe apertura parcial al diálogo.
No hay riesgo inmediato.
Debe buscar orientación profesional si:
La pérdida de control es evidente.
El consumo es compulsivo o frecuente.
Existen síntomas emocionales graves.
Usted ya no puede manejar la situación sin afectarse.
Debe buscar ayuda inmediata si:
Hay ideación suicida.
Hay psicosis activa.
Existe violencia fuera de control.
En esos escenarios, no es momento de esperar.
Claridad responsable
No todas las crisis requieren internamiento.
Pero algunas sí requieren evaluación estructurada.
Negar no protege.
Exagerar tampoco ayuda.
Lo que protege es la claridad.
A veces una sola conversación clínica bien dirigida reduce meses de angustia silenciosa.
No tiene que decidir hoy todo el futuro.
Pero sí puede decidir no cargar solo con la duda.
Fabián Delgadillo
Psicólogo Consejero en Adicciones
Dirección Clínica Casa Calera
